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María Bellido

María Bellido

Con motivo del inmediato bicentenario de la victoria española en Bailén he estado investigando un poco sobre la localidad jiennense, la famosa contienda y sus personajes. Y es precisamente uno de sus personajes el que me ha llamado la atención, y sobre el que escribiré a continuación.

 

Cuando se habla de guerra uno piensa casi inmediatamente en heroicos protagonistas masculinos, salvo raras excepciones como el caso de Agustina de Aragón. Pues bien, otra excepción la tenemos en María Bellido, una mujer que es casi ignorada por la historia, pero que estuvo ligada a la guerra de la Independencia y, sobre todo, a la batalla de Bailén, pero que sin embargo no hubo de mancharse las manos de sangre para ser considerada toda una heroína.

 

María Inés Juliana Bellido Vallejos nació en Porcuna (Jaén) el día 28 de enero de 1755, hija legítima del matrimonio contraído por Francisco Elías Bellido y Catalina Vallejos ambos también vecinos de este pueblo.

 

Hubo algún tiempo en que la polémica se planteó al confundir a María Inés Juliana con su hermana María Paula Bellido, pero la fecha de su nacimiento nos lleva a comprender que no puede ser ésta última la heroína, pues nacida sobre el 24 de junio de 1743, debería tener en 1808 nada menos que 65 años, edad avanzada para poder desempeñar los menesteres que la llevarían a la fama; y máxime en aquellos tiempos, en que personas con esa edad eran prácticamente ancianos.

 

En octubre de 1782, María Bellido (apodada la Culiancha, por sus opulentas caderas) contrajo matrimonio con Luís Domingo Cobo Muela, un joven viudo de Bailén dedicado al comercio de cántaros, botijos y demás objetos cerámicos, con el que abandonó Porcuna para instalarse en Bailén.

 

Cuando al anochecer del día 18 de julio de 1808 el pueblo de Bailén se ve envuelto en las escaramuzas que anuncian la definitiva batalla, María, que habría de formar parte de ella, cuenta con 53 años de edad.

 

Es lógico que desarrollándose el combate en las cercanías de Bailén los vecinos de esta villa tomaran parte activa, desde su inicio, en la batalla. Los hombres se unieron directamente a las tropas; los ancianos prestaron servicios de avituallamiento y sanidad, y los niños y mujeres contribuyeron con el elemento que se hacía más necesario en el campo de batalla: el agua.

 

Prueba de ello nos da Don Benito Pérez Galdós, quien en su Episodio Nacional "Bailén", pone en boca de uno de sus personajes:

 

Eran las seis de la mañana, y el calor principiaba a dejarse sentir con mucha fuerza, sentíamos ya a la espalda aquel fuego que más tarde habría de hacernos el efecto de tener por médula espinal una barra de metal fundido... Pero este malestar era insignificante con otro que desde la mañana principió a atormentarnos, la sed, que todo lo destruye, alma y cuerpo, infundiendo una rabia inútil para la guerra, porque no se sacia matando.

 

Tal era la necesidad del agua, y tan primordial su obtención, que hubo momento en que la lucha se concentró en la posesión de las fuentes de aprovisionamiento de ésta.

 

Hecha esta semblanza de la batalla y uno de los principales elementos, entra ya en escena nuestro personaje: María Bellido.

 

La misión de obtención, transporte y abastecimiento de esta agua tan necesaria, correspondió principalmente a las mujeres y niños de la población, que con desprecio del peligro tanto contribuyeron a la victoria de las tropas españolas.

 

Nuevamente Pérez Galdós en su ya citado "Bailén", escribe al respecto:

 

Es verdad que de Bailén salían en bandadas multitud de mujeres con cántaros de agua para refrescarnos... Más de una vez, aquellas valerosas mujeres se expusieron al fuego, penetrando en sitios de mayor peligro, y llevando sus alcarrazas a los artilleros del centro.

 

En una de estas, María Bellido llegó hasta el puesto de mando y dirigiéndose directamente al General Reding, le ofreció agua, y en el momento en que elevaba la vasija, una bala rompió el cántaro. La mujer no se inmutó. Recogió el recipiente donde había quedado un poco de agua, y lo ofreció al General, que alabó su labor y ofreció premiarla.

 

Pero lo más significativo de esta heroica mujer fue, que, tras la victoria de las tropas españolas en Bailén, pasó al más completo olvido. Tan es así que durante algún tiempo se creyó que este personaje era producto de la imaginación popular, o la creación de unos vencedores que necesitaban héroes para resaltar sus victorias. Investigaciones posteriores han hecho a los historiadores llegar a la conclusión de que María Bellido existió, que nació en Porcuna, que casó con Luís Domingo Cobo, y que el hecho antes relatado es realmente un hecho histórico.

 

Tal vez el completo olvido en que cayó su gesta fue debido a su prematura muerte, acaecida el 7 de marzo de 1809, casi ocho meses después de la batalla de Bailén. Esta y otras circunstancias, como la muerte del propio General Teodoro Reding en Tarragona en 23 de abril del mismo año, motivaron la marginación y el olvido de esta heroína.

 

Pero la historia jamás olvida a sus héroes.

 

Fue en 1862, cuando la Reina Isabel II, acompañada de su esposo Don Francisco de Asís, proyectó realizar un viaje por tierras de Andalucía y Murcia. El 14 de septiembre del referido año hizo su entrada triunfal en la Ciudad de Bailén la comitiva real, continuando hasta Andujar para seguir por toda Andalucía.

 

A la vuelta del viaje, en 7 de octubre del mismo año, y de nuevo de tránsito por Bailén, tras visitar muy especialmente el lugar en que años antes se había desarrollado la famosa batalla, las autoridades de aquella localidad, obsequiaron a su Majestad con “un rico estuche de palo de santo, que contenía una bandeja de plata y filigrana y un cantarito de plata dorado a fuego, que sujetaba entre hojas de laurel una bala de metralla”.

 

El diputado provincial y poeta de aquel lugar don Francisco Rentero, al hacer el ofrecimiento, hizo a su Majestad una breve reseña del recuerdo histórico que encerraba el símbolo que ofrecía. Relató una historia detallada del hecho realizado por María Bellido, dando de beber a las tropas y al General Reding en medio de la lluvia de fuego y balas. La bala que entregaba era la que partiendo de las filas francesas rompió el cántaro de la heroína y que se conservó durante muchos años por María Josefa Malpesa, sobrina de nuestro personaje, a cambio de la cual recibió ésta, de por vida, una pensión de la Real Casa.

 

A pesar de ser parcialmente obviada por la historia, su hazaña es recordada por los bailenenses debido a una escultura situada a la entrada del municipio (imagen superior) y, curiosamente, también debido al escudo del municipio de Bailén, que muestra en su cuartel izquierdo el cántaro de María, agujereado por una bala de las tropas napoleónicas.

 

 

Bibliografía y fuentes

 

* Colección Jaén, pueblos y ciudades: Bailén, fascículo número 26, editado por el Diario Jaén, 1997.

 

* Artículo firmado en Málaga por José María Pulido Torres y publicado en el Programa de Festejos de la "Romería Alharilla 96", editado por la Cofradía de la Santísima Virgen de Alharilla, Porcuna (Jaén), 1996.

 

* http://www.andalucia.cc/adn/0598per.htm

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