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jcalamardo

Más feo que Picio

Más feo que Picio

La lengua castellana, a lo largo de los siglos, ha ido incorporando expresiones de todo tipo. Dentro de estas, siempre me llamaron la atención las que nombraban a algún personaje popular, como Maricastaña, a la que se alude como ejemplo de antigüedad, Abundio, un prototipo de los que tienen ‘pocas luces’, o Picio, conocido por su escasa belleza, y al que dedicaré unas líneas, pues a diferencia de los anteriores, el tal Picio existió de verdad.

 

Picio fue un zapatero español, nacido en Alhendín, una localidad andaluza de la provincia de Granada, que vivió en la primera mitad del siglo XIX. Por causas desconocidas fue condenado a muerte y, estando ya a punto de ser consumada su pena, éste recibió la noticia del indulto (ya que su sentencia pudo ser un error).

Fue entonces cuando, debido a la profunda alegría que le produjo la feliz noticia, se le cayó el pelo, las cejas y las pestañas, y para más inri, le salieron por toda la cara numerosos tumores y granos, que lo dejaron absolutamente deformado, pasando a ser el paradigma de la fealdad más espantosa.

 

Meses más tarde, Picio se estableció en Lanjarón, pueblo del que fue desterrado porque jamás entró a la iglesia, ya que no quería despojarse del pañuelo que cubría su calva y parte de su horrible rostro. Poco tiempo después, se trasladó a Granada, ciudad donde murió. Una curiosa anécdota cuenta que el párroco tuvo que darle la extremaunción con una larga caña, debido al espanto que le causaba este pobre hombre.

 

 

Nota aclaratoria: la imagen no muestra a Picio, sino al ’Tío Paquete’ (cuadro de Goya).

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1 comentario

Castiza -

Gracias por la anécdota, me ha gustado
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